Cuentos al Caer la Noche

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Netflix se ha convertido en una especie de generador de títulos que parece funcionar, a veces, en modo aleatorio. Sin embargo, de vez en cuando, fruto de la estadística y de alguna buena decisión a la hora de seleccionar a sus equipos, las producciones originales de la plataforma de streaming no sorprenden pese a estar patronizadas.

Este es, desde luego, el caso de Cuentos al Caer la Noche, una historia de terror para todas las edades que sigue el flujo de películas como las adaptaciones de “Pesadillas“, (Rob Letterman, 2015 y Ari Sandel, 2018) “La Casa del Reloj en la Pared” (Eli Roth, 2018) e incluso títulos algo más oscuros cómo “Historias de Miedo Para Contar en la Oscuridad“(André Øvredal, 2019). También, a su vez, la película de David Yarovesky, juega a cruzar la línea con contenido descaro, un poco tal y como se hacía en los años 80. Tal vez esta sea una película mucho más inofensiva que aquellas que nos aterrorizaron cuando éramos pequeños pero, desde luego, las nuevas generaciones disfrutarán de una buena sesión de sustos adaptados a su edad. O no, pues en más de un momento, los más peques pueden asustarse de verdad ante más de un impacto con imagen aterradora.

Alex (Winslow Fegley) vive por y para las historias de terror.  Su obsesión por estas le llevará quedarse encerrado con una diabólica bruja (Krysten Ritter) y otra niña prisionera llamada Yasmin (Lydia Jewett) en un extraño y mágico apartamento plagado de peligrosa magia y extrañas criaturas.  La bruja obligará a Alex a contarle cada noche una historia de terror si ambos niños quieren seguir con vida.

La película juega con una baza tan clásica como lo son sus referencias. Y es que, al fin y al cabo, el terror siempre ha sido el refugio de los extraños. Un bálsamo para aquellos weirdos en busca de un refugio y una representación en aquellos monstruos apartados de la sociedad. Un discurso tan reconocido como el del Frankenstein de Mary Shelley sigue siendo igual o incluso más válido que nunca en la actualidad. Y es por eso que el género de terror despierta sensaciones tan pasionales pese a las connotaciones extremas de su contenido y base.

Y es que, al final, no hay mayor identificación que la del escritor, cuya autobiografía siempre termina colándose en su relato. Y es por ello que, además de por una interpretación especialmente potente por parte de Winslow Fegley, nos resultará especialmente difícil no emocionarnos con el viaje de Alex. Da igual cuan repetido esté el concepto, su carácter de continua actualidad lo hará funcionar si este fluye de forma orgánica. Y desde luego la unión del texto de Mikki Daughtry y Tobias Iaconis (adaptación del libro homónimo de J. A. White) con el tratamiento que aporta Yarovesky, alejado esta vez de la brutalidad que caracterizaba su anterior “El Hijo” (2019), consigue generar la empatía que una historia como esta necesita.

Aún que si algo prima por encima de todo en Cuentos al Caer la Noche es lo trabajado de su estética. Su condición de cuento queda plasmada en la plasticidad de sus decorados, que pueden recordar a veces a una versión muy reducida del Tim Burton de títulos como “Charlie y La Fábrica de Chocolate” (2005). En estos volvemos a darnos de bruces con la nostalgia. Y es que es de aplaudir que la referencialidad no se limite simplemente a los clásicos posters de “The Lost Boys” o “Candyman” en la pared de la habitación del protagonista. O a un apreciable Shub-Niggurath (queda claro a lo largo de toda la película que su director es ávido lector de Lovecraft) en la portada del cuaderno de Alex. Sino que esta impregne también las formas y conceptos más visuales y no relegados simplemente al guiño.

Sin duda, el principal reclamo de la película es la figura de Krysten Ritter, a la que todos recordaremos por su trabajo en la serie de Marvel (también para Netflix) Jessica Jones. Y es por ello que se hace extraño que su papel sea el que peor integrado se sienta en el conjunto. El protagonismo algo excesivo de la extravagancia de la que hace gala la bruja a la hora de componer sus outfits junto a lo irritantemente extenuante de su personaje, hacen de ella el punto menos sólido de una película que, precisamente, debería orbitar en torno a su figura. Sin embargo, lo que si que consigue es aplicar a la narración una capa de carácter adulto a partir de lo despiadado de su personaje. No nos olvidemos de que los protagonistas, niños ambos, se enfrentarán al trauma, al miedo a la perdida e incluso al dolor.

Netflix se apunta un tanto en su catalogo con una película que fácilmente podría convertirse en el nuevo fenómeno semanal, gracias a su carácter familiar. Un carácter que no le impide jugar de un modo suficientemente libre con los elementos del genero aún que ello signifique traicionar la confianza de alguno de los jóvenes que se enfrenten a ella.

Lo mejor: lo creativo de sus momentos más terroríficos y un Winslow Fegley que nos roba el corazón.

Lo peor: lo desdibujado que queda el personaje de la bruja y lo fragmentada que se siente su presencia en pantalla.

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