Hereditary

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Lo primero es lo primero. Si, Hereditary es la película que más tensión y malestar me ha generado en los últimos tiempos.

Pero a su vez, y para evitarnos malos entendidos: no, Hereditary no es la película más terrorífica de todos los tiempos. Ni pretende serlo.

Porque una cinta de terror puede pretender mucho más que asustarte. Puede pretender asustarte más, menos, o de una forma convencional o no. Puede usar los recursos para contar historias muy distantes a lo que aparentemente es la trama principal.

Y Hereditary no busca ser la más aterradora. Busca ser la mejor. Y desde luego es una de las mejores de la década. Y para ello hace uso de diversas técnicas y materiales previamente vistos, sí, pero para nada desgastados e igualmente sorprendentes.

Hereditary coge lo mejor de cada casa. La ebullición lenta de cintas setenteras muy en la onda de Polanski con el nuevo cine de terror de la hornada de Babadook o The witch, de las cuales usa muchos elementos como son el uso del terror subyacente de la primera o el modelo familiar derrocado de la segunda.

Si en algo pone especial empeño la película es en dotar de fuerza a todos sus elementos. Empezando por sus personajes, cuya presentación no solo se dilata en el tiempo, sino que además consigue darnos un enfoque suficientemente cercano como para hacernos partícipes de la brecha familiar sobre la que se sostiene la película. Dicha brecha se desarrolla de una forma poco convencional, lo cual si convierte la película en algo más único. Y este desarrollo es el que le da a Ari Aster, su director, el poder para hacer que salgamos del cine cargados con la negatividad y toxicidad que destila la película. Y es que Aster hace un trabajo excepcional tanto en la dirección como en el guión, que se estructura en un torbellino de sucesos colocados con minuciosidad quirúrgica que juegan a la sorpresa más allá del giro de guión fácil.

A título personal, me gustaría insistir en que se llegase lo más virgen posible al cine. Dado que, como digo, la película no se basa en giros habituales, sino más bien en un vaivén continuo de sus elementos, y si de verdad uno quiere disfrutarla y permitir que cada una de estas piezas funcione, debe dejarse sorprender. Al fin y al cabo esta no es una película de sinopsis fácil dado que se basa más en su desarrollo que en su idea base. Un misterio que se va desentrañando de manera muy clásica a base de pequeñas pistas que son reveladoras por sí mismas y no caen en remarcar lo obvio.

Buscad a su vez una sala alejada del gran público. Hereditary no es un producto de sobremesa. Pide implicación, y hará de vuestros nervios un manojo si entráis en ella. Pero de lo contrario, y rodeados de un público que no esté dispuesto a jugar a su juego, la experiencia puede volcarse en la negatividad para todos. Va a ser, como poco, interesante ver el torrente de opiniones polarizadas que van a llegarnos, al igual que ha pasado en su estreno en estados unidos.

Estamos ante un trabajo que huye de convencionalismos y que basa su poder en el cómo más que en el que. Y este como es el que hace que su título cobre un sentido real. En el cómo está el miedo verdadero que nos puede erizar la piel con un simple plano de Toni Collette, brillante por cierto, muy muy asustada. Y es que una semana después de haberla visto, servidor sigue dándole vueltas a lo que vio. Y eso la convierte en triunfadora.

Y por todo esto Hereditary es una putada.

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