Mulholland Drive

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El año pasado 177 críticos de todo el planeta, se juntaron para dictamintar cuales habían sido las 100 mejores películas del siglo XXI. Los títulos, bastante justos, nos dejaron con “Mulholland Drive” como mejor film de estos 17 años que llevamos de siglo. ¿Es realmente esta película merecedora de tal consideración?

Hacer un análisis de esta obra, es como mínimo, difícil. David Lynch venía de hacer la maravillosa “Una historia verdadera” en 1999. Y en 2001, a raíz de varios proyectos que no acaban de surgir por distintas razones, Lynch se prepara para contarnos esta esacalofriante historia.

El film comienza con Camilla, una mujer muy atractiva que monta en la parte trasera de una limusina. En un momento, la limusina se detiene, y el copiloto con un arma en la mano le ordena que baje. Cuando parece que Camilla va a ser asesinada, dos coches a toda velocidad acaban impactando con la limusina. Tras el impacto, Camilla consigue salir del vehículo, el accidente ha tenido lugar en Mulholland Dr. Esta secuencia terminará con Hollywood en la profundidad de  campo, iluminada, brillante. Lynch ya orienta su discurso, advirtiendo de qué nos va hablar. Y es que la pieza al final, será una auténtica exhibición de un estilo único, ejerciendo con él una crítica sensual empleando un lenguaje exorbitante.

Ante todo contiene una fuerte denuncia a esta fábrica de sueños llamada Hollywood. Mediante una onírica esencia, Lynch nos deleita con múltiples elementos connotativos. Nos engaña, cómo engaña Hollywood, nos sumerge en un laberinto despiadado y artístico al mismo tiempo. Son múltiples las interpretaciones que se pueden extraer de la historia, y si la trama en sí es confusa, el mensaje es claro, el medio para transmitirlo serán las espectaculares Naomi Watts y Laura Harring,. ¿Hasta que punto importa el talento? Paradójicamente el cineasta propone esta cuestión de una manera ampliamente talentosa.

Betty (Naomi Watts) acaba de llegar a los Ángeles, sueña con ser una gran actriz y también con ser una estrella, pues según ella, es posible adquirir dicha dualidad. Todas sus ambiciones cambiarán cuando conozca a Rita (Laura Harring), quién tras un accidente acaba en casa de Betty. Rita no recuerda su identidad, Betty ayudará a Rita a descubrir quién es realmente.

Durante primer y segundo acto, se nos plantean dos lineas narrativas, por un lado la de Betty y Rita, por otro la de un director que ha de aceptar las imposiciones artística de una mafia un tanto extraña (maravillosamente construida a nivel técnico). Al rechazar dichas imposiciones, esta organización siniestra le arruinará la vida. Tras una conversación con el “Cowboy” (interesantísima escena) el director decidirá aceptar una condición : contratar a la actriz protaogonista que ellos escojan.

Planteada la premisa, Lynch utiliza a Rita y Betty de una forma metafórica. Construye en ellas dos recurrentes personalidades que se complementan. Por un lado Betty con un increíble talento, bondadosa, generosa y sensible. Por otro Rita, muy atractiva, desorientada, sin talento ni virtudes aparentemente. Durante el relato, se intenta encajar las piezas, es contingente acabar deduciendo que Rita y Betty son en realidad la misma persona. Pues hay indicios y sugerencias que te hacen concluir en esa suposición.

Mientras, jugando muy habilidosamente con el montaje, Lynch nos habla de ese director. Ese director que en realidad ni pincha ni corta, un director con una mujer infiel, sin relaciones puras, y que irremediablemente se ve obligado a ocultarse en la soledad, se nos construye como un desgraciado. Mientras se nos habla de él, de fondo se esconde esa mafia ya nombrada con anterioridad. Esa mafia que decide, manda y propone a Rita como protagonista indiscutible, dejando así sin su papel a quien le pertocaba. Resulta que ese papel en realidad, era para la talentosa Betty. Quien tras una espectacular interpretacion (hipnótica escena), consigue convertirse en máxima aspirante para ese rol. El film dispone constantemente de analogías metafóricas, se construyen sutilmente, pero están ahí. Justo detrás de las imágenes.

Ambas lineas narrativas se complementan para otorgarle una identidad al film, un alegato claro y conciso. En el tercer acto todo se distorsiona. Se entienden los conceptos y las consecuencias, pero no el proceso. Utiliza múltiples objetos (caja) , personajes (la muerte, asesino,) lugares (Bar Twinkie, teatro) para sugerirnos ideas, metáforas. Algunas llegan, otras a mi parecer son indescifrables.

Finalmente refuerza su idea temática, y el personaje de Betty yace muerta en una cama tras suicidarse, esa escena ya se ha visto con anterioridad. A priori no tiene sentido ¿Una como tantas otras?  Quiza quiera decir eso, quizá no.

El carácter anacrónico del discurso contribuye a una gran discursividad, no obstante eso no reduce el interés, lo amplía, y pese a sonar contradictorio… !es genial!

La mejor manera de abducirse por semejante pieza, es dejar la racionalidad y el sentido común fuera. Sumergirse y disfrutar de este extenso viaje hipnótico es lo prioritario. Por qué es exigente romperse el coco para intentar hacer comprensible la narración, pero también es maravilloso. Dísfrutala, por qué hay muy pocas como esta, por no decir ninguna.

¿La mejor película del siglo XXI?

Esa cuestión es subjetiva, pero en el film abunda arte y modo. Y precisamente esa subjetividad es lo que hacen a las imágenes poderosas. Y Lynch lo sabe.

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