Review de ‘Macbeth’ (The Tragedy of Macbeth) de Joel Coen

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Desde el pasado 14 de enero ‘Macbeth‘ se puede disfrutar en Apple TV+ y se ha estrenado en exclusiva en los cines Boliche de Barcelona. Este es uno de nuestros estrenos destacados de enero. Consulta el resto aquí.

The Tragedy of Macbeth’ (2021) (o simplemente ‘Macbeth’, como se ha titulado en España) cuenta la trágica historia escrita por El bardo inmortal de Avon, William Shakespeare. Sobre un lord escocés que tiene un encuentro con tres brujas que le profetizan que será el nuevo Rey, traicionando así a su señor y dejando un largo reguero de sangre a su paso.

Muchas otras veces se ha adaptado este clásico de la dramaturgia al cine (¡casi treinta veces ya!). Pero creo que nunca antes había sido tan fiel a su material original, narrativamente hablando.

Una adaptación universal

La primera película del buen Joel Coen en solitario, sin el apoyo de su hermano Ethan Coen en el guión, la dirección o el montaje; es un increíble relato que podría ser perfectamente otro relato denso basado en un libreto publicado hace más de cuatrocientos años, pero va mucho más allá.

Aunque los diálogos y numerosos monólogos están perfectamente recitados, Joel apuesta por un montaje rápido, ofreciendo un dinamismo muy bueno para la cinta. Haciendo que el espectador no se siente a ver largas verborreas en planos fijos, sino que disfrute de reacciones de otros personajes, pequeños movimientos o gestos de los hablantes, cruciales para entender la psique de estos.

Y es que los personajes son el eje central de la cinta. Las interpretaciones son increíbles. El reparto está cuidadísimo desde sus protagonistas hasta al personaje más secundario.
Destacan, por encima de todo, un glorioso Denzel Washington como Macbeth, en una de las mejores interpretaciones de su carrera. Conteniendo la pura rabia y ansia de poder en su rostro y explotando solo en los momentos más precisos. Frances McDormand suele ser la hostia y, por supuesto que en The Tragedy of Macbeth también está fantástica como Lady Macbeth. Siendo, quizás, el papel más espiritual y quisquilloso del film. Pero, la veterana actriz Kathryn Hunter se lleva todo el mérito como las tres brujas (y algún personaje más). Hunter brinda una interpretación física terrorífica y, con sus cambios de tono y voz, llega a helar la sangre solo con sus líneas de diálogo y pequeños y turbios gestos con sus brazos o piernas.

Artificio a favor de obra

El diseño sonoro, increíble, por cierto, ayuda mucho a que los diálogos de los actores retumben en nuestros oídos o que los pensamientos intrusivos de Macbeth se queden vibrando en nuestros cráneos.

Quizás el diseño de producción no sea espectacular, aunque la apuesta es claramente manierista y eso juega muy a su favor. En todo momento tenemos la sensación de estar viendo un teatrillo, pero sin llegar a percibirse falso o impostado. Los decorados, sobre todo en grandes planos generales, jugando incluso con los que parecen maquetas. La iluminación, con focos literalmente abriéndose en escena, y la puesta en escena son como piezas de un gran engranaje que es el puzle psicológico que se está encajando en escena con la tragedia que estamos presenciando.

La fotografía es maravillosa. Bruno Delbonnel ya demostró dominar el blanco y negro en ‘A Propósito de Llewyn Davis’ (2013). Pero aquí lo lleva todo a otro nivel. Los blancos son de los blancos más puros que se han visto en el séptimo arte. Los negros se difuminan en grises brillantes y solo los negros más oscuros son usados para representar el mal o la locura del relato, sea en forma de las tres brujas o de la sed de sangre del protagonista.
Todos estos elementos otorgan un carácter espectral a la cinta que hace sentirnos estar viendo un cántico mortuorio. Como una muerte anunciada.
‘Macbeth’ es, sin duda, una cinta muy personal para Joel Coen. Con un sello autoral propio único y artísticamente admirable. Una experiencia única digna de ser admirada.

A recordar: las maravillosas interpretaciones de cada uno de los actores y actrices o la bellísima fotografía.

A olvidar: quizás los diálogos típicos de una obra del siglo XVII son un poco densos

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