#Sitges2021 Review de ‘La Abuela’, de Paco Plaza

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Por fin, tras innumerables retrasos incluso desde antes de terminar su rodaje, la nueva película de Paco Plaza llega a nuestras carteleras con la promesa de atemorizarnos de nuevo. El director valenciano ha cosechado importantes éxitos de crítica y público tras revolucionar el género de terror junto a Jaume Balagueró con la saga ‘[REC]’.

El costumbrismo y la cultura popular española de aire castizo llevan mucho tiempo siendo seña de identidad de Plaza. Buena muestra de ello es el uso que el director hace en ‘Freddy’, su segmento de la actualización de la serie de Narciso Ibañez Serrador Historias Para No Dormir’ (la cual también pudimos ver en Sitges), en la cual utilizaba la propia figura de Chicho para retratar una España tan guiñolesca como conocida. 

Susana (Almudena Amor) trabaja como modelo en París. Su mundo se trunca cuando recibe la noticia de que debe volver a Madrid para cuidar de su abuela Pilar (Vera Valdez), que acaba de sufrir un derrame cerebral. La estrecha relación entre ambas no impedirá que su convivencia mientras Susana busca a la persona adecuada para cuidar de su abuela se torne cada vez más extraña y aterradora.

El horror como vehículo

La vuelta al interior de los pisos de Madrid para contar lo que, por su material publicitario aparenta ser una historia de carácter paranormal, auguraba que este nuevo trabajo de Paco Plaza podía parecerse a su anterior y exitosa ‘Verónica’ (2017), con la que ya supo leer y adaptarse muy bien a un momento en el que ‘Expediente Warren’ ponía de nuevo en el punto de mira el terror psicológico con entidad fantasmagórica para narrar una historia personal y humana. Con ‘La Abuela’ el director vuelve a demostrar que disfruta de la influencia de las tendencias evolutivas del género y nos presenta una historia que atrapará (y no soltará) a los aficionados al cine de la productora A24 y al (ridículamente) susodicho terror elevado del que hace nada se reía el propio Ghostface en la nueva entrega de Scream.

Paco Plaza nos dedicó un saludo durante la pasada edición del festival de SItges

Hacer fácil lo dificil

Plaza opta de nuevo por una historia en que lo humano vuelve a ser el núcleo del horror. Lo humano de la compasión y el amor y lo humano que es romper los lazos formados por estos sentimientos. Esta vez la historia llega a alcanzar cotas de crueldad y desasosiego asfixiantes que evolucionan a medida que la entidad de la abuela, dibujada por una espectacular Vera Valdez entregada en cuerpo y alma del modo más literal, absorbe a su nieta y todo por lo que esta lucha. Sorprende el movimiento con el que, desde el guion, juegan Plaza y Carlos Vermut, ¿condicionan? desde buen principio la mirada del espectador. Un movimiento que deja claro desde el principio el posicionamiento de los creadores respecto al papel del terror en su historia. Un pequeño salto al vacío en pro de la vertiente emocional que prima por encima de cualquier innecesaria pirueta narrativa. El buen hacer del director de ‘Magical Girl’ (2014) y Quién Te Cantará’ (2018) en el texto es más explícito de lo que su aparente minimalismo parece mostrar. No es de extrañar que su incursión en el texto fuera definitiva para formalizar la idea original.

El uso del espacio, reducido y redundante, y el dominio de la cámara de Plaza hacen evolucionar la trama como si de un estado mental se tratase. Una pesadilla febril que absorbe lentamente a la autora del delirio. El piso se torna etéreo y el entorno se fusiona con sus personajes de un modo cercano a como lo hacen las narrativas más clásicas de los despiadados cuentos populares en su estado más puro. Sin embargo, sobre la fantasía que habita el relato pesa una reconocible realidad que lo carga y densifica haciendo que lo aparentemente sencillo se torne imposible de dominar. Como la culpa. 

De hacer palpable este sentimiento de culpabilidad y de darle a la película una dimensión social real se encarga Almudena Amor, con una interpretación tan limpia en mirada y cercanía que consigue crear un vínculo con el espectador similar al que se conseguiría en el medio teatral. Consigue dibujar un personaje que fluye con la naturalidad de quien no interpreta. Consigue que veamos a un ser humano movido por los complejos impulsos de una psique movilizada por el horror. Cuesta incluso creer que este sea su debut en largometraje, pues su interpretación brilla, precisamente, por hacer invisible el texto.

Terrores universales

Posiblemente ‘La Abuela’ sea la película más emocional de Paco Plaza, y eso es mucho decir. Pues sus películas siempre están cargadas de cariño, tanto por sus personajes protagonistas como por sus monstruos y lo que significan. Esta vez, la estética de lo terrible está depurada a niveles casi insondables, y de la aparente sencillez brota un barroquismo de época que fluye a la perfección con la intensidad de la emoción. 

Esta es otra muestra de que Paco Plaza sigue siendo merecedor del título de maestro del terror patrio. Pero también lo es de que su evolución como narrador le ha permitido ser, cada vez, más sincero a la hora de hablarnos de sus miedos de un modo universal. Esta es una historia de terror como las de antes, de las que daban miedo porque, de verdad, creíamos que nos podía pasar a nosotros.

A recordar: la capacidad de Plaza y Vermut como equipo para aunar la estética y el relato para convertirlo en un modo de sentir.

A olvidar: Que ciertas decisiones de guión se tomen por más burdas de lo que realmente son.

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